20111119

Me llamaban loco.

 Ganas de dejarte morir cuando solo así puedes evadirte de tus pensamientos, de todos, no hay otra forma, pero quizás sea demasiado fácil, puede que incluso cobarde. Nadie podrá comprenderte tan bien como tú mismo, eres un jodido ignorante que no sabe expresar sus sentimientos, sus frustraciones, sus preocupaciones, su impotencia. Empiezas a pensar y todo va tan rápido que es imposible de analizar, de centrarte en una sola cosa y resolverla para así poder pasar a otra, tu mente se convierte en un jodido caos. Entonces se lo cuentas a alguien, y mientras, todo parece aún más grave que en tu cabeza, pero te mantienes sereno porque no quieres dar pena a nadie, cuando terminas, ese alguien te empapa de razones, motivos, argumentos que aparentemente aminoran la gravedad de tus problemas, termina abrazándote y es entonces cuando rompes a llorar comprendiendo que no sirvió de nada contar nada, porque las cosas van a seguir igual que están, los problemas seguirán ahí y las razones seguirán careciendo de suficiente argumento. Y todo lo hacemos porque somos débiles y cobardes para acarrear y aceptar lo que nos corresponde, lo que nos toca, ¿Acaso desaparecerán tus problemas por contarlos, acaso ésa persona va a resolverlos por tí? solo hasta que tú mismo consigas cambiar la perspectiva de tus problemas, éstos dejarán de aterrorizarte de esa manera tan cerda, -poder así sentir el oxígeno acariciar de nuevo el fondo de tus pulmones, de tus asquerosos pulmones de fumador-
Hipocresía, bendita droga de cobardes.

Firmado: Una hipócrita.

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire

Commentaires.